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When we are together, it's lika a storm | Ligia

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When we are together, it's lika a storm | Ligia

Mensaje por Aiden W. McAllister el Sáb Dic 01, 2012 2:53 pm



WHEN WE ARE TOGETHER, IT'S LIKE A STORM
17.00 p.m • Invernaderos • Soleado • Ligia S. Kofka


Se dejó caer contra la pared de cristal, y suspiró. Los papeles estaban esparcidos por el suelo, y no tenía ganas de seguir sumergido en ellos. Cerró los ojos, y echó un poco la cabeza hacia atrás. Los exámenes estaban cerca, y herbología seguía resistiéndosele. Llevaba siete años en la escuela, y aún no era consciente de qué habría visto Rowena en él. Se aflojó la corbata, y cruzó los brazos contra el pecho. Quedaban aún tres días para el fin de semana, y las horas lectivas ya se le hacían eternas.

Había acudido al invernadero para ver si podía relajarse. Odiaba su Sala Común, desde siempre. No podía soportar a aquellos críos gritando y pasándoselo bien con tonterías. Por eso, le parecía muchísimo mejor esconderse entre todas aquellas plantuchas, que le prometían un silencio eterno; menos las mandrágoras, claro, aunque estas estaban bien lejos del rincón que Aiden había escogido. Tomó un pedazo de pergamino entre las manos y lo releyó de forma rápida. Ni aunque lo hiciese mil veces, podría memorizarlo. Y eso, que llevaba en ello horas. Arrugó el papel con furia, comenzando a enfadarse de verdad, y resopló mientras lo lanzaba lejos, apretando la mandíbula. Se puso en pie con cuidado, dejando por allí tirados todos sus apuntes, y se sacudió los pantalones del uniforme. Llevaba las mangas subidas hasta los codos, y los puños de la camisa blanca se entreveían bajo el chaleco gris. Necesitaba estirar las piernas, por lo que se dispuso a dar un paseo por el lugar; capaz encontraba algún ejemplar extraño de esos nombrados en los papelajos.

Giró una esquina, apartando ramas de algunos especímenes extraños, y unas risas llamaron su atención.
Frunció el ceño, dejándose conducir por el sonido hasta detrás de unos arbusto cargados de flores llamativas. Allí, una melena pelirroja se movía de forma descompasada, y Aiden no pudo evitar soltar una carcajada cuando descrubrió que no eran más que una pareja besándose. Los chicos, bastante menores que el chico, se giraron para mirarlo avergonzados, y el novio incluso abrió la boca para replicar. ¿Quizá se atrevería a decirle algo para espantarlo de allí? - Ni se te ocurra decir una palabra, Romeo. - Avisó, componiendo una mueca divertida. -¿Te parece este un sitio decente para traer a una señorita? Pero serás cutre, tejón... - Recriminó, con sorna, mientras negaba con la cabeza. - Vamos, largo de aquí si no queréis buscaros un problema...- Espetó, fulminando al muchacho con la mirada. Los vio pasar por su lado, y agarró al vuelo la muñeca de la chica antes de que esta pudiera escabullirse. Sus mejillas estaban encendidas, y Aiden vio divertido azorarla un poco más. - Y tú, pelirroja, el día que dejen de gustarte los capullos... Bueno, estaré por algún pasillo, ya sabes. - Y le guiñó un ojo, aguantando la risa cuando ella lo miró con reproche.

La pareja se esfumó pronto, y Aiden giró sobre sus talones para desandar lo andado. Sabía que, por mucho que estuviese allí "estudiando", no iba a enterarse de nada. Así que regresó a su punto de inicio, y se centró en recoger sus pergaminos, pensando en qué hacer una vez saliese de allí.

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Re: When we are together, it's lika a storm | Ligia

Mensaje por Ligia S. Kofka el Sáb Dic 01, 2012 7:45 pm



WHEN WE ARE TOGETHER, IT'S LIKE A STORM
17.02 p.m • Invernaderos • Soleado • Aiden W. McAllister

Querida hija:
Hola, Ligia. Espero que estés muy bien. Te escribo por varias razones: la primera y más importante es para saber como has estado y como te ha ido en tu llegada al colegio. No me has escrito y por esa misma razón, siento que no te ha ido bien. Siempre me escribías, pequeña, ¿Por qué ya no? ¿Necesitas algo, contarme algo? Lo que seas, sabes que puedes contar conmigo, ¿Sí? Incluso, si quieres hablar de Ivy. Sabes que a ella le hubiese gustado que siguiéramos unidos, hija, como la familia que siempre fuimos.
La segunda razón por la que te escribo es para hablarte de tu compromiso. Aun no se ha fijado una fecha exacta, pero Aiden y tú se casarán apenas termine Hogwarts. Los McAllister pasaran las fiestas del veinticuatro con nosotros; hablaremos de fechas durante las mismas. ¿No es emocionante? ¡Podrás conocer mejor a tu futuro esposo!
Y por último, tu padre enfermó otra vez. No es tan grave, los medimagos dicen que no es más que un virus. Pero, yo creo que es por la depresión. Hija: Debes hablar más con él. Escríbele. Le hará sentir mejor. Te quiere. Y no quiere perderte. Debemos entender que Ivy ya no está, es hora de continuar, ¿Cierto?
Con amor, tu madre.


—Vete a la mierda, madre—. Ligia caminaba, con la cabeza gacha, entre los invernaderos, mientras leía la carta. Le gustaba leer su correspondencia en aquél lugar, pues era silencioso y nunca nadie iba al invernadero. Era un buen lugar para leer cartas. Sin embargo, las últimas tres cartas de su madre habían estado tan llenas de hipocresía, que ella misma no se había molestado en contestarlas. ¿Por qué ya no le escribía? Porque ella ya no era la misma. Desde la muerte de Ivy, sus padres habían cambiado radicalmente. Su madre parecía religiosa, hablando de cambiar y continuar con la vida, hacía adelante, pero Ligia podía escuchar los llantos a tráves de las paredes, todas las noches, continuamente. Un llanto que su madre no permitía que Ligia viera, pero que aun así, estaba allí. Y su padre, la consolaba, con aquél silencio imperturbable que ya no se quebraba más. Su padre era el que más le dolía en aquella familia que se estaba haciendo pedazos, pues su padre parecía más un alma en pena que un hombre vivo, y no tenía intenciones de ocultarlo. Que su madre le dijera que su padre estaba enfermo no era nuevo para la joven Ligia, que ya estaba acostumbrada a las constantes enfermedades de su padre. Además, su madre solía escribir para recordarle, siempre, que estaba prometida y que el tiempo de libertad se le acababa, como si hiciera falta recordarlo. Como también le recordaba siempre la muerte de su hermana, como si Ligia no se hubiese enterado.

Arrugó el pergamino, sin alzar la mirada, mientras seguía caminando con su danzar de víbora por aquél invernadero. Cruzó una esquina, y si hubiese alzado la mirada, no le hubiese pasado nada. Sin embargo, abrió la cuarta carta que le había llegado. Una carta de su padre bastante corta; un simple y adorable: Hija, te quiero mucho. Espero que estés bien. Cuando puedas, escribe. Quiero saber de ti; habían sido las sencillas pero sinceras palabras de su padre. Unas palabras que no le dió tiempo de terminar de leer, cuando pisó algo que no debía pisar —unos pergaminos en el suelo— y terminó por resbalarse, cayendo al suelo. Sintió el golpe certero en su trasero, y compuso una mueca, de disgusto. Cerró los ojos con fuerza, una vez y los volvió a abrir, dispuesta a gritarle al energúmeno que había puesto eso allí. Pero, al alzar su mirada achocolatada, se encontró con la persona que menos se quería encontrar en todo el colegio. —Mierda. Mierda, masculló, por su mala suerte. Tanto que lo evitaba, tanto que huía de él, para encontrárselo en el lugar menos esperado. Se tragó sus gritos, y aunque igual reclamaría por los pergaminos y el golpe de consecuencia, primero se dignó a arreglar mejor la falda del uniforme, que se había subido ligeramente al caer. — ¿Eres imbécil o qué? ¿Quién coño estudia en los invernaderos, a ésta hora y en el piso? —, casi gruñó, cruzando ambas piernas para hallar la forma más digna de levantarse. No era el mejor momento para uno de sus encuentros con Aiden. Mierda.

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Re: When we are together, it's lika a storm | Ligia

Mensaje por Aiden W. McAllister el Dom Dic 02, 2012 9:21 pm



WHEN WE ARE TOGETHER, IT'S LIKE A STORM
17.00 p.m • Invernaderos • Soleado • Ligia S. Kofka


Unos pasos alertaron al chico de la proximidad de alguien. Alzó la cabeza de los papeles para mirar a la morena que se acercaba, traída por los demonios, con los ojos oscuros airosos. La sonrisa de Aiden se esbozó burlona, mientras se cruzaba de brazos sobre el pecho. Le gustaba cuando Ligia se enfadaba, y parecía más salvaje que de costumbre. Le gustaba cuando su mirada echaba chispas, y cuando su lengua viperina maldecía a todo ser viviente. En resumidas cuentas, le gustaba Ligia. Aunque cuando más le gustaba era cuando la causa de ese enfado era él mismo.

Oyó sus improperios, mientras recorría con la mirada el sinuoso cuerpo de la chica. Su chica. Sus ojos se pararon en el final de su falda, esa que dejaba al descubierto las infinitas piernas de la Slytherin. Sonrió aún más para sus adentros, y pensó en todas aquellas cosas que podrían pasar entre ellos si ella se dejase; si a ella le diese la maldita gana de admitir que se moría por aquello que negaba. Se dedicó a estudiar cuidadosamente cada una de las facciones de la morena, sus gestos y sus entonaciones, disfrutando de su faceta favorita de ella. - Vamos, señora McAllister, ¿No te han enseñado en casa que está feo insultar a los demás? - Preguntó, con burla en la voz. Sabía que haberla llamado de aquella manera solo la irritaría aún más, mucho más. Y eso era justo lo que él estaba buscando. -Cada uno es libre de estudiar donde quiera, aunque ahora que estás aquí, se me ocurren cosas mucho más interesantes que hacer en un lugar como este. - Ensanchó su sonrisa, divirtiéndose más aún con aquella proposición velada.

Se acercó a ella, hasta quedar apenas a unos metros de la chica. Apartó el pelo de su rostro con total deliberación, y colocó una mano en la parte baja de su espalda, pegándola con cierta violencia a su cuerpo. - Hoy estás muy guapa, Ligia. Siempre lo estás, pero esta luz... - Y se acercó, quedado a unos milímetros de sus labios. Giró el rostro en el último momento, y depositó un beso ligero en su mejilla, pero no se apartó lo más mínimo.



OFF: DISCULPA QUE SEA CORTO, PERO ESTOY CON LOS EXÁMENES Y NO DOY PARA MÁS >.<
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Re: When we are together, it's lika a storm | Ligia

Mensaje por Ligia S. Kofka el Dom Dic 02, 2012 10:47 pm



WHEN WE ARE TOGETHER, IT'S LIKE A STORM
17.02 p.m • Invernaderos • Soleado • Aiden W. McAllister

Mierda. No paraba de repetirlo. Incluso, quiso gritarlo al descubrir la forma tan descarada con la que su querido prometido la observaba. ¿Qué era ella? ¿Muñequita de observación? Venga, se levantó de un salto, fastidiada por aquello. Sí, vale, que su futuro esposo tendría, eventualmente, todo el derecho de mirarla cuanto quisiese, pero eso después de la boda. Por eso, bajó su falda hasta más no poder —qué realmente, tampoco fue mucho pues la falda del uniforme no daba para tanto— y gruñó, fastidiada por el hecho de que tampoco podía negar que en algún punto, bastante recóndito, le gustara que su atractivo prometido se fijara en ella. Porque sí algo admitía la morena, segura de ello, era que el castaño estaba como para... —Espera, espera—. Su mirada, ya llameante de por sí, se volvió un caos completamente, un infierno, un incendio al escuchar las palabras de Aiden. —Tú puta ma.... ¡Qué señora McAllister ni qué mierda! —. Uy. Como le molestaba aquello. Que él insinuara cualquier cosa con respecto a su matrimonio era para Ligia el detonador de la bomba que esperaba por estallar. —A ver, imbécil. Métete ésto por donde te quepa: NO soy la señora McAllister, ¿Estamos? Mi nombre es Ligia Kofka, a ver si aprendes a pronunciarlo—. No, aun no era la señora McAllister. Pero lo sería, y Ligia poco podía hacer contra ello. Por eso, se enfurecía tanto. —Y si se te ocurre tanto que hacer aquí, ve a buscar una de tus rameras, que seguro te van ayudar con lo que quieras—. Ligia no solía hablar como lo que se dice una dama. No, al menos, una dama de la época. Al menos no todo el tiempo. Pero, es que cuando estaba con Aiden, hervía tan rápido y tan furiosamente, que mucho le costaba controlar sus palabras.

Y entonces, todos los músculos de Ligia se tensaron. ¿Por qué? Por la cercanía de su prometido. Deliberadamente, Aiden se acercó y la estrujó contra él, haciendo imposible que Ligia se alejará. Mierda. Mierda. Mierda. Tenía mucho tiempo que no se ponía nerviosa de aquella manera, de la que solo conseguía ponerla Aiden. ¿Será que él se daría cuenta de como se derretía la morena?. Venga, que sí, que ya lo había admitido: Su prometido era más que atractivo y eso solo hacía que Ligia lo odiara más. Él se acercó, más, manteniendo la fuerza en su espalda y cuando Ligia rogaba para que él no se atreviera a besarla, él giró su rostro y le besó la mejilla, para alivio de la morena. —Gracias—. La voz de Ligia era tan suave y melosa, que parecía que el hombre le hubiese hecho efecto con su cercanía. —Creo que la luz te hace ver a ti como ¿deseable? — Cuestionó, con una media sonrisa, llena de picardía. Se acercó, apenas un milímetro más a sus labios y alzando muy bien su rodilla, descubierta, pateó aquello más preciado del chico. Sí, su miembro. No supo si apuntó bien o no, ni siquiera si le dio allí, pero logró soltarse de su abrazo con brusquedad. —No, deseable no. Me equivoque. Supongo que efectos del sol de afuera, me calentó el cerebro—. Y sin más, tomó los pergaminos de sus cartas y le pasó de largo, hacía la puerta. Sin embargo, cuando intentó empujar, ésta no abrió. Ni cuando haló. Y era la única salida del invernadero. Venga, y su varita la había dejado en la lechucería. —No, no, no, no. Ábrete, ábrete, por favor. No me hagas ésto. —Siguió intentando, en vano. Se había quedado encerrada con su futuro esposo. ¿Qué persona podía tener más mala suerte que ella? Encerrada, en un invernadero, con la persona que menos deseaba. —Ehm, ¿Podrías abrirla, por favor? —. Intentó sonreír con dulzura y calma, cuando en realidad estaba perdiendo los nervios a sabiendas que él no la abriría, solo para molestarla.



Off: No te preocupes, cielo. Tú responde como puedas. :3
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